
En mi incesante batalla contra el polvo, dí con un cómodo sistema completamente ecológico para eliminar sin esfuerzo las pelusas más grandes: airear la casa. Resulta que si abro la ventana del salón y la puerta del piso, se forma una corriente que se lleva por delante bastante polvo. Es fácil (y misteriosamente gratificante) ver las pelusas pasando, así que al descubrirlo estuve un rato con la puerta abierta viendo pasar pelos de gato. Y a la gata, que me tocó ir a buscarla a la cuarta planta. Pero no por culpa de la corriente, tanta no hace.
Mi piso da justo al rellano del ascensor y de las escaleras, por lo que cuando oí el ascensor subir tuve que cerrar la puerta, que no es plan que los vecinos vean lo que estaba haciendo. Esperé un rato a que entraran en sus casas, volví a la puerta y justo al abrirla de nuevo dio la casualidad de que otro vecino que bajaba por las escaleras a saltos (qué se yo, tendría prisa el hombre) aterrizó delante mío. Tremendo susto… aunque rápidamente reencajamamos el rostro y soltamos la caja torácica “¡Joder qué susto!”, “Pues anda que yo…”, “jojojo”, y comentarios así como más másculinos que el gritito inicial que pegamos los dos.
De alguna forma tenía que explicar por qué había abierto la puerta si no quería parecer la típica cotilla que se asoma a ver quién pasa. Obviamente no podía decir que estaba decorando el pasillo comunal con pelos felinos…
- Creía que era mi novia que volvía del gimnasio …
- Pues no, pues no… Supongo que soy algo más feo.
- Hombre, algo sí… ¡pero sin faltar!
Ante todo, educación.
Nada, nos despedimos y volví a cerrar la puerta. El polvo no es que se limpiara, pero como experiencia fue entretenida. La próxima vez pasaré la mopa.
