Tras nueve días de espera desde la llamada al servicio técnico, ayer por fin vinieron a arreglarme la pantalla. Y a destrozar otras cosas.
El técnico llegó a casa y se puso a arreglar el equipo en mi salón. Y menos mal. Después de cambiar integramente toda la pantalla y comprobar no sé qué cables, llegó a la conclusión de que el error era la tarjeta de video (esto se merece un WTF? como una casa) Cuando ya había decidido llevárselo para ponerle UNA PLACA NUEVA, me animé a meter la nariz. “Me parece un poco raro que sea la tarjeta de video si se ve algo en la pantalla y si funciona la salida externa…” A lo que vuelve a revisar los cables y encuentra uno suelto, lo conecta y… tachán, funciona todo. Joder. No hacía ninguna falta haber cambiado la pantalla ni haber desmontado medio teclado, sólo reconectar ese cable. ¡Y menos mal que se me ocurrió el comentario! Si no ahora mismo el equipo estaría en el taller.
El caso es que conecta el cable, vuelve a montar todo… y no encaja la carcasa de la pantalla. Me dice que es que son débiles, que al manipularla igual se han deformado las pestañitas, que va a pedir otra y me la cambian. Pues ya de paso, cuando venga a montarla, que me mire el teclado multimedia porque también lo dejó desconectado y ahora no puedo ni subir ni bajar el volumen ni expulsar el CD pulsando un botón.
Lo que más me fastidia de todo ésto es que ahora tengo la sensación de que el nuevo portátil está ’sucio’. De que está tocado. Tiene narices, la cosa. Si esto me pasa en el Corte Inglés, llevo el equipo y me lo cambian por otro sin rechistar. Pero con Dell te lo comes con papas: servicio técnico al canto. Sólo tras tres incidencias contínuas te cambian el equipo. Desde luego, la próxima vez me lo pensaré mucho antes de comprar un Dell. Una pena.
Cómo odio los servicios técnicos.