Esta es una canción poderosa. Creo que hace tres mil años era usada para invocar espíritus protectores. En noches sin luna, alrededor de hogueras monstruosas, el pueblo la cantaba y bailaba hasta la extenuación al ritmo de cientos de tambores, embriagados por su melodía y sustancias psicoactivas (tal vez más por lo uno que por lo otro, sin especificar cuánto de qué). Después copulaban como animales y dormían abrazados hasta el amanecer el sueño de quien sabe que ha hecho algo bueno y correcto.
Hay días en que se te mete algo entre oreja y oreja y no sale. ¡Pues habrá que escucharla! Dos versiones y la original, a cada cual mejor. Tori Amos, Patti Smith y Nirvana.
Tres trailers de películas que no pienso perderme:
¡Toy Story 3! Aún queda para su estreno, pero aunque la segunda no terminó de gustarme, la primera tiene un hueco del tamaño de un armario de cuatro puertas en mi memoria reservada a las ‘cosas que han hecho mi vida más entretenida’
Una revisión de Sherlock Holmes, con pintas de ser tan interesante como ‘El secreto de la pirámide’, o más aún. Con suerte Sherlock no será tan repelente (pero era tan listo que se lo perdonabas):
Y otra de animación, producida por Tim Burton. ¡La ambientación y la estética son tremendamente atractivas!
Qué ganas de ir al cine. ¿Qué habrá interesante en cartelera? Uh… ¿habrán estrenado ya Inglorious Bastards?
El caso es que por casualidad encontré esta web, en la que gracias a una técnica similar a la de Google Maps podemos recorrer el cuerpo de una ballena azul a escala real (pensaba que el ojo sería mayor). Qué bichos tan apasionantes.
¿Qué otras cosas podríamos explorar así usando la misma técnica? Ya hemos removido tierra, cielo, luna y marte. Ahora una ballena. ¿Lo próximo? Estaría bien algo minúsculo. La ciudad futurista que forma un circuito impreso, la superficie de una bacteria…
Siempre he sentido predilección por este juego de mecánica simple como el mecanismo de un chupete. Me dejaba los duros (y mi sudor) aporreando bichos, incluso en la versión digital que había en los cines Oscar (videojuego + ejercicio, Nintendo ha demostrado que vende)
Pero esta versión supera con creces cualquiera que haya probado antes. Eso sí, hay que procurar no golpear muy fuerte. Tampoco creo que nadie pueda hacerlo, a no ser que tenga un corazón tan oscuro como para despreciar a Wall-E, dado el nivel absurdo de monería que alcanza una caja llena de mininos asomando sus cabecitas por los agujeros…